30 de abril de 2026

La tasa rosa

El Gobierno estudia rebajar el IVA de los productos de higiene femenina del  10 al 4%. ¿Son productos de primera necesidad? ¿Cómo afecta esto a la tasa  rosa? ¿Sabían que, por ejemplo,

La famosísima tasa rosa... ay... lo que hay que contar de esto... Como ya es costumbre en mi canal, voy a explicar bien qué es el nuevo concepto del que voy a hablar: ✨ la tasa rosa ✨es el sobreprecio injustificado que presentan los productos destinados al público femenino frente a sus equivalentes masculinos, a pesar de tener la misma funcionalidad, calidad y coste de producción. El ejemplo más clásico es el de las cuchillas de afeitar, pero hay infinidad de otros ejemplos, como cascos de bici rosa y azul con una diferencia de 3€, cubos para jugar con la arena con una foto de Hello Kitty y otro de Ben10 con 1€ de diferencia o incluso dos calculadoras, una rosa y otra blanca con 5 pedazo de eurazos.

Después de entender qué es, viene la pregunta más importante: ¿por qué existe la tasa rosa?

No es ni casualidad ni un simple “error” de mercado, sino que tiene que ver con cómo funciona el consumo y, sobre todo, con cómo se ha construido históricamente el papel de las mujeres dentro de él. Desde hace décadas, la industria ha asociado lo femenino con el cuidado personal, la estética y la autoexigencia, esto significa que los productos no solo se compran, sino que se sienten necesarios y aquí está la clave: cuando algo se percibe como necesario, el precio deja de ser un límite. Este concepto, en economía social, se entiende como inelasticidad de demanda, eso quiere decir que, aunque el precio varíe, la demanda de estos productos será siempre la misma, a raíz de esto las empresas intenta lucrarse lo más que puedan.

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Además, hay un componente de marketing bastante evidente que al cambiar el color, el packaging, añadir una etiqueta tipo “for women” tienes un producto diferenciado, aunque en esencia sea el mismo, por lo que no estás pagando más por calidad sino por una segmentación artificial que "justifica" la subida del precio.

Si complicamos más las cosas podemos hablar de que algunas empresas defienden que ciertos productos femeninos son más caros porque tienen diferencias en diseño, ergonomía o incluso menor volumen de producción y, aunque en algunos casos puede ser cierto, el problema es que esto se utiliza muchas veces como excusa para justificar diferencias que, en la práctica, no tienen un respaldo real.

Al fin y al cabo son solo un par de monedas más ¿no? Pues no es así porque tiene muchas otras consecuencias: el hecho de pagar unos euros de más en un producto concreto genera una desigualdad acumulativa que a lo largo de los años, ese pequeño sobrecoste se repite en ropa, higiene, ocio… y acaba suponiendo una diferencia económica real entre hombres y mujeres. Siguiendo con esta narrativa vivir siendo mujer es más caro que vivir siendo hombre.

¿Pero hasta qué punto estamos pagando más por elección y hasta qué punto por presión social?

Dejando de lado lo anecdótico, vamos a poner datos sobre la mesa:

Un estudio del New York City Department of Consumer Affairs analizó cientos de productos y encontró un patrón claro: los productos dirigidos a mujeres eran, de media, un 7% más caros que los equivalentes masculinos.

En productos infantiles (es decir, desde que somos literalmente niñas) no es un secreto que ya existe esta diferencia: juguetes y ropa pueden costar alrededor de un 4% a 7% más solo por estar dirigidos a niñas. Es decir, no es algo puntual ni que aparezca en la edad adulta: es un patrón que acompaña todo el ciclo de consumo.

Por otro lado, en el ámbito del cuidado personal, la diferencia es aún más evidente, llegando hasta un 13% más en algunos casos (las doscientas cremas para las arrugas vs una crema 10 en 1 que vale de skincare y para los callos de los pies).

Entonces volvemos a la gran pregunta: ¿esto pasa porque queremos o porque nos empujan a ello?

La respuesta no es tan simple como “es nuestra elección”. A ver, elegir, elegimos, pero elegimos dentro de un marco que ya está condicionado. Podrías comprar la versión “masculina” más barata, claro, pero no siempre está pensada para nosotras, ni presentada como una opción equivalente, ni socialmente validada de la misma forma, sobre todo este último punto es el más relevante, porque aquí entra algo importante: no cumplir con esas expectativas (no depilarse, no usar ciertos productos, no ajustarse a ciertos estándares) también tiene un coste y si no cumplir estas exigencias tiene consecuencias, la elección deja de ser completamente libre.

Por otra parte tenemos el famoso efecto acumulativo: no estamos hablando de “un euro más o un euro menos”, estamos hablando de pequeñas diferencias que se repiten constantemente en ropa, higiene, ocio, productos básicos, etc. durante años y años, multiplicado por las 4100 millones de mujeres en todo el mundo. Este pequeñísimo motín que nos sacan las empresas simplemente por hacer productos rositas repercute directamente en cada individuo, pues a este se suma ✨ la brecha salarial ✨.

Porque no solo estamos hablando de que ciertos productos sean más caros, sino de que, en muchos casos, quienes los consumen también tienen menos capacidad económica. En España, sin ir más lejos, la brecha salarial sigue situándose en torno al 13%–18% según distintas mediciones de organismos como el Instituto Nacional de Estadística y mira que nosotras españolas no estamos tan mal, hay países en los que las mujeres ganan malamente para permitirse comida y un par de mudas de ropa por lo que deben depender de un padre o un marido.

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En resumen: ganamos menos y pagamos más (por lo general en el mundo entero) lo que crea una doble penalización económica que se sostiene en el tiempo creando una situación completamente injusta. Es muy difícil, entonces, permitirse parar "un euro de más" si tu economía no te lo permita. Por eso, la tasa rosa no encarece solo productos: encarece vidas… especialmente cuando esas vidas ya parten con menos margen.

¿Qué opinas de esta práctica? ¿Estás de acuerdo o en desacuerdo? Escríbelo en los comentarios!! Nos vemoss

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