
Soy una chiquilla con MUCHA imaginación y además AMO el amor por lo que casi siempre imagino historias románticas (conmigo de protagonista obviamente) pero he pensado que a lo mejor no dan tanto cringe como creo que dan por lo que he pensado que a lo mejor compartirlas no estaría tan mal.

A ver, no siguen ningún orden ni dada, simplemente son como mini historias que no tienen porqué tener nada que ver las unas con las otras pero me las imagino igual, normalmente acompañadas de alguna canción.

Esta historia trata de unos amigos que acaban de descubrir que están enamorados <3
Canción:

—Oye, ¿te pasa algo? Hace un buen rato que te ando buscando...
Ella es mi mejor amiga, es la más sociable de las dos, tiene la suerte de que sus padres tienen el suficiente dinero como para llevarla de viaje por ahí y tiene amigos en todas partes. Por eso estamos hoy aquí.

—No, nada, da igual, solo estoy rayada porque él no ha venido y ya sabes... después de la bronca que hemos tenido, pues no sé, quería solucionarlo aquí, supongo.
—Le das demasiados rodeos, ven conmigo, vamos a beber un rato, a lo mejor encuentras algún caprichito por ahí.

Lo sé, es una tontería y por eso mismo quería hablarlo esta noche, pero al parecer no va a venir...
Mi bestie y yo fuimos un rato a la cocina a servirnos unos chupitos, pero uno de sus miles de amigos la llamó y me dijo que la esperase un momento. La verdad es que yo solo quería estar con ella y con él, pero ahora estaba sola... Me apoyé en la encimera con mi vaso en la mano a esperar sin más mientras escuchaba la música de fondo que llegaba desde la sala de estar.
—¿Qué haces aquí tan sola?

—No estoy sola, espero a mi amiga nada más...
—¿Solo has venido con ella?
—Pues al parecer sí, iba a venir otro chico, pero no ha aparecido.
—Uuuhh, ¿un chico? ¿Cómo se llama?
—No, no, solo somos amigos, pero... bueno, hemos discutido por una chorrada y quería arreglarlo hoy. Pensé que vendría, pero, pues, no...
—Ah... pero ¿y no le has llamado? En plan, si habéis discutido, a lo mejor cree que no quieres que venga.
—Pues no lo había pensado. A ver, no le he invitado yo, pero no sé. ¿Le llamo?
—¡Claaaaaroooo, nena! ¿A qué esperas?

—Venga, yo te espero. Me voy un rato a hablar con mis amigos que están más para allá, ya sabes, por la privacidad y tal...
Me dejó sola al lado de la piscina de la casa. Iluminada, parecía un estanque mágico... Cogí el móvil y busqué su contacto sin pensarlo mucho. Llamé. Estaba demasiado nerviosa y no sabía muy bien por qué, pero por suerte (o por desgracia) no me contestó a la llamada... Saltó el buzón de voz y dejé una nota, cosa que nunca hago, pero, no sé, hoy estaba un poco borracha.
—Hola... yo, bueno, emmm. No quiero que estemos enfadados y pensé que ibas a venir hoy. Bueno, nada, eso, que te estoy esperando y me gustaría verte y arreglar las cosas.
—¡Ah! Estás aquí. ¿Qué haces aquí fuera?


Me quise olvidar un poco del asunto, por lo que dejé el móvil encima de la mesa sin más (como si fuese buena idea) y quise ir a divertirme un poco con mi bestie, que al fin y al cabo para eso había ido. Fuimos hasta el centro de la sala, donde tenían puesta la música tan alta que no escuchaba ni mis propios pensamientos. La verdad es que era una fiesta 10/10, la gente era muy simpática y me reí muchísimo con todos. A lo mejor bebí un poquito más de la cuenta porque en solo treinta minutos ya había olvidado dónde había dejado mi móvil...
—Oye... ¿tú te acuerdas de dónde dejé mi cel? Es que no lo encuentro.
—Tía, en la cocina, en la mesa. ¡Ve a ver! ¡Yo te espero aquí!
Eso mismo hice. Tambaleándome llegué a la cocina y ahí estaba la chica de antes (LOL ¿te creías que el móvil? Pues no, ¿quién coño deja el móvil tirado por ahí?).
—Oye, linda, ¿has visto mi móvil por alguna parte? Es que lo dejé aquí, pero ya no está.
—No, la verdad. ¿Quieres que te ayude a buscar?
—Sí, por favor.

—Oye, ¡eso es mío! Lo he estado buscando.
Me acerqué al chico que lo tenía. Era alto y muy flaco, con pintas de friki pero con el pelo arreglado. Sus amigos estaban todos borrachos y hacer el tonto con las fotos les parecía tronchante.
—Ah, sí, perdona, lo vimos sin dueño y lo cogimos para cuidártelo. Nos hemos hecho algunas fotos también, pero toma, toma, y perdón por el susto.

Le llamé como tres veces, pero nada, no cogía. Debía de haberse quedado sin batería o algo. Bueno, eso ya no importaba, ahora tenía que encontrarlo, no podía estar muy lejos...
Bajé corriendo las escaleras, recorrí el pasillo, la cocina, los cuartos de abajo, los baños y nada. Meterme en el salón iba a ser un reto complicado... Había demasiada gente como para encontrarlo así de fácil... Eso ahora da igual, tenía que encontrarlo, lo había llamado yo.

Fui preguntando a todos si habían visto a un chico con sus características, pero todos me decían que no... Intenté revisar desde las esquinas, así me sería más sencillo verlo, pero nada. La gente me decía que eran otros chicos, pero no buscaba a ninguno de ellos, buscaba al mío.

No podía quedarme así más tiempo, por lo que me metí al pelotón. De una, sin miedo, quien le tenga miedo al éxito que no nazca. Error. Cada vez la gente me aplastaba más y más, no escuchaba ni mis propios pensamientos como para ver si encontraba a este chico... Todo este jaleo me estaba agobiando y me quedé quieta en medio de la sala, no sabía adónde más ir y no lo encontraba. No me cogía la llamada y lo estaba dando por perdido. A lo mejor, al no encontrarme, se habría ido...
Oh, alguien me había tocado el hombro... Por favor, por favor, por favor...
—Hola...

—¿Estás bien? Yo solo, bueno, escuché tu mensaje y quise venir. A ver, no te voy a mentir, pensé mandarte a la mierda, pero pensé que debíamos habl-
—¡Calla, idiota! Me has estresado un montón, mamón.
—Jsjsjs, a ver, que la que no me encontrabas eras tú, yo ya te había visto desde hace un rato...
Me separé de él nada más escuchar eso.
—¿Qué?
—Lo que oyes, eres muy graciosa estresada.
—Pero menuda jeta tienes, ¿no? Me lo has hecho pasar mal.
—Tú a mí también.
—¿Qué? ¿Yo? ¡Encima!
—Con el discursito ese de "no eres tú, soy yo". Y que sepas que lo he dejado con Lorena.
—Pero, pero ¿no te gustaba?
—Bueno, a ver, sí, pero no lo suficiente.
—¿Qué? ¡No te oigo bien!
Se acercó a mi oído para chillarme como un loco.
—¡¡¡Que no lo suficiente!!!
¿Eso qué quiere decir? ¿Suficiente para qué? A ver, que tenemos veintipocos años, no hace falta estar con la pareja que tenemos para toda la vida.
—¿Suficiente para qué?
—Para no pensar en ti.

Una vez, en una quedada en el parque, me prestó su sudadera por el frío, se me olvidó devolvérsela y me pasé toda esa noche con ella puesta. Otra vez, en mi casa, nos pusimos a ver una peli y al agarrar las palomitas nos rozamos y me puse nerviosa. Otro día, hablando con mi bestie de él, se burló diciéndome que me gustaba y, obviamente, le dije que no, aunque me puse roja como un tomate... Puede que me esté pasando ahora eso mismo...

Me quedé mirándole los ojos, esos ojos que al sol eran de un tono caramelo casi perfecto, pero con estas luces de colores se le ponían negros como la noche. Me fijé en sus ricitos en la frente, siempre me habían gustado, pero hoy estaba especial. Por reflejo le miré la boca, te juro que lo hice por curiosidad nada más. Al ver ese gesto sacó una microsonrisa, de esas sonrisas que me alegran la vida. Al darme cuenta le volví a mirar a los ojos ipso facto y él también me miraba la boca.
No sé, a ver, nunca había estado así con él, era raro, estábamos demasiado pegados, pero no porque yo quisiese, los demás nos estaban aplastando y, para colmo, uno de los chicos que tenía él detrás le empujó, hizo efecto dominó y me fui a caer, pero me agarró por la cintura.
Le doy gracias al Señor por las luces de colores de la fiesta porque lo roja que se me debía de haber puesto la cara hubiese sido legendario. Nos volvimos a mirar y vi cómo DELIBERADAMENTE volvía a mirarme la boca y, por reflejo, hice lo mismo.
La música daba vueltas, mi estómago echaba chispas y estoy segura de que el suyo también. Las luces, el ambiente, la música y todo eso que habíamos estado escondiendo tanto tiempo nos acercaba cada vez más y más.

Eso ya da igual, nos estamos besando y estoy literalmente flotando en una nube.
—¿Estás bien?
Se separó de mí muy despacio para volver a mirarme a los ojos.
—Mejor que nunca, yo... yo solo quería arreglar las cosas.
—¿Te parece que lo hemos arreglado?
Se nos escapó una risa tonta a los dos, ante todo éramos mejores amigos.
—¿Y si nos vamos? Tengo el coche fuera.
—Por supuesto.

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