
No sé si leísteis el post de A veces me imagino cosas pero básicamente lo que pasa es que de vez en cuando me monto historias románticas en mi cabeza completamente inconexas entre ellas y me emociono mucho al imaginarlas por lo que he creído que compartirlas con vosotras iba a ser divertido.
Pues bien, hoy traigo otra historia de dos amigos enamorados jijiji (yo AMO el Friends to Lovers) y para esta historia me en inspirado en esta canción:

Desde que le conocí vi que es atento, guapo y recuerdo una vez en sexto que me ayudó con una clase de matemáticas. Desde ese momento me enamoré perdidamente de él...
Realmente hace muy poco que hemos empezado a hablar, y solo fue porque coincidimos en un proyecto juntos al que nos había juntado la profesora. La verdad es que conociéndolo en profundidad es mucho más maravilloso de lo que pensaba. Es cierto que con sus amigos va muy de macho, para creerse guay y tal, pero luego a solas es una persona completamente diferente.
Cuando fui a su casa para el trabajo, se portó súper bien, es un anfitrión increíble y, la verdad, es que yo no sé si hubiese hecho por mis amigas ni la mitad que hizo por mi en ese sentido.

Desde que le vi entrar por la puerta se me pusieron los pelos de punta.
—Venga, ve a hablar con él, si total, ya te conoce, ¿qué mal puede pasar?—Me dijo una de mis mejores amigas. Y yo pensé que, bueno... tiene razón, no puede pasar nada malo, ya nos conocemos, supongo.
Así que me armé de valor y me acerqué, pero justo en ese momento, uno de sus amigos le llamó y le perdí de vista dentro de la casa gigante esa.
Por este extraño in tenso de interacción social estaba frustrada y quise ir a la cocina a comer algo, pero nada más entrar, la vi.
Una chica horrible, odiosa, que se mete con todo el mundo y se cree superior a todos los demás. Por suerte ella no va a mi clase, pero es una de las amigas del grupito de las malcriadas que sí que conozco.

Estaba apoyada en la encimera, riéndose con sus amigas con un vaso en la mano. Cuando me vio entrar, se fijó en mí y empezó a cuchichear con las amigas. La verdad es que no sé por qué, si iba súper bien vestida y con un maquillaje que me había costado dos horas en hacer.
Me acerqué a la nevera para ver si podía pillar algo de picar, y me soltó
—¿Volviendo al ataque, termotanque?
—¿Perdona? —le respondí alterada.
—Nada, nada, que como estás cogiendo comida de una nevera que no es tuya, pues pensábamos que necesitabas una ayudita.
Intenté pasar de ellas, pero se me hizo un poco difícil, ya que no dejaban de reírse a niveles auditivos peligrosos, pero bueno, miré a otro lado e intenté irme de la cocina. Hasta que escuché...
—¡Eh, tú! ¡Ven aquí!
Yo no quería pelearme, así que simplemente me acerqué a ver qué querían, pero en plan pacifista.
—¿Te crees muy guay por estar en esta fiesta? Solo eres una rara de la clase. Si pudiesen, no te hubiesen invitado...
Y justo después de decirme eso, me tiró todo lo que llevaba en el vaso encima y claro, como la gocha se esta estaba tomando un Malibú cargado de azúcar hasta arriba, me dejó toda la camiseta empapada y pegajosa.
En ese momento me aferré a la idea de pegarle un puñetazo en la cara, pero no lo hice porque no me iba a rebajar a su nivel, así que simplemente la empujé para quitármela de encima y me fui al baño a ver si podía arreglar algo.

Cuando llegué, intenté ponerme agua en la camiseta, pero simplemente lo estaba arruinando más, por lo que me la quité, la enjuagué un poco y la escurrí, pero ya no me la volvería a poner porque estaba empapada.
Se me ocurrió simplemente en que meterme en la piscina no sería tan mala idea pero al salir, en cuanto abrí la puerta, allí estaba el chico tan guapo, pero yo estaba sin camiseta y oliendo a alcohol.
Obviamente cerré la puerta en sus narices. ¿Cómo era posible que me viese así? Mientras me estaba consumiendo la vergüenza, el chico me habló a través de la puerta.
—Oye, ¿necesitas ayuda?
—No, no, no hace falta, me iba a la piscina ahora mismo. Ahora te dejo el baño.
Y justo después, abrí la puerta y salí corriendo, dejando a este chiquillo atrás, sin mirarle, en plan película coreana dramática.
No había nadie en la piscina, todo el mundo estaba dentro de la casa y yo estaba sola ahí. La piscina de esa parcela estaba bastante apartada de la casa y por eso la gente no iba, pero es que, mientras esperaba que se secase mi camiseta, tenía que estar en un sitio donde estar en bañador fuese normal. Solo tenía los pies metidos en el agua, mirando el horizonte, las estrellas y la luna, que estaban preciosas sinceramente y la piscina tenía una luz blanca puesta, por lo que veía mis pies brillantes y mi manicura perfecta que me había hecho dos días antes justo para esa ocasión (era una francesa con una florecita, la verdad es que era muy cuqui, pero solo me hago ese tipo de cosas cuando voy a enseñar los pies).
Me acordé de que no le había dicho a ninguna de mis amigas que estaba aquí, y no sé si me estarían esperando, pero me había dejado el móvil en el baño por haber salido con prisas, y la verdad es que volver a buscarlo me daba mucha pereza. Hasta que lo vi llegar...
El chico guapo de mi clase se estaba acercando a mí con mi móvil en la mano. Supongo que se habría dado cuenta de que lo había dejado aquí y me había venido a buscar y, como la ingenua de mí le había dicho que estaba en la piscina, pues no tardó mucho en llegar.
—Creo que esto es tuyo— me dijo mientras me daba el teléfono.
—Ah, muchas gracias. Lo habías olvidado en el baño, es que había salido con muchas prisas— le respondí.
—Ya, ya lo veo, pero ¿por qué tanta prisa si al final solo has venido a la piscina? — me preguntó.
—Pues es que... la chica esta, que es más tonta que una vaca verde, me tiró su copa encima y al final tuve que cambiarme y para no estar en bañador dentro de casa, pues me he venido para acá.
—¿Tú sola?.
—Sí, bueno, a ver, es para un rato, tampoco es así.

—No te voy a dejar sola, ¿eh? Si solo es un rato, pues no pasa nada.
Yo me puse roja como un tomate. Ya sabía que este chico era súper amable, pero no me lo esperaba tan generoso. Yo pensaba que quería estar con sus amigos, haciendo el burro.
—Ay, muchas gracias, pero no hace falta. Te puedes ir con tus amigos si quieres, no sé. Yo estoy bien, ¿eh? No te preocupes— le dije y él simplemente me respondió saliendo de la piscina, yo pensaba que simplemente se iba a ir, pero todo lo contrario, se tiró de cabeza al agua, salpicándome entera con lo que casi se me corre el maquillaje con el agua que me había salpicado.
—¿Pero qué haces?
—Darme un baño, ¿o es que no lo ves?
—Ay, madre mía, me vas a estropear el maquillaje.
—¿Quién viene con maquillaje a una fiesta de la piscina?
—Pues es que mi idea no era bañarme precisamente.
—Tonterías. Tú te vas a bañar y punto.
—¿Qué dices?
—Que te vas a bañar y te vas a bañar conmigo.
En ese momento mi corazón dio un vuelco. ¿Cómo que me iba a bañar con él? No, no, no, no, no, no, no. Me estaba volviendo loquísima.
—Que no me voy a bañar, de verdad. Tengo el pelo demasiado bien como para mojarlo.
—No digas tonterías, venga.
—Que no.
—Bueno, vale, tú te lo pierdes.
Y entonces empezó a hacer piruetas debajo del agua. No os podéis ni imaginar la de carcajadas que me eché con eso. Es tan mono y tan gracioso... Me da rabia no gustarle, la verdad... Si yo le gustase todo sería más fácil, pero él está ahí, siendo popular, guapo, divertido y yo, bueno, yo soy yo.

Me pareció muy extraño que no volviese con sus amigos. A lo mejor es que se habían ido, o a lo mejor, en algún mundo paralelo en el que yo soy súper interesante, le haya parecido una buena persona y haya querido quedarse conmigo, pero yo creo que es que sus amigos se habían ido.
Aprendí de él muchísimas cosas: cuando era pequeño sus padres hacían voluntariados y se llevaban a él a estos; ha conocido muchísimos países; sus padres tienen una empresa que al principio no les fue muy bien, pero luego aprendieron a sobrellevarla y ahora están sacando sus propios frutos. Él dice que se quiere meter en la carrera de ingeniería eléctrica, pero su padre le ha dicho que siendo abogado le irá mejor, entonces, está pensando si seguir lo que dice su padre o hacer lo que a él le gusta.
Yo pensaba que era un chico más simple de lo que parecía. Sí, le veía como un chico guapo, cariñoso e interesante, pero no más hasta este punto.
—Venga, métete, llevo esperando toda la noche— me dijo y a estas alturas ya me convenció, porque era verdad, así que me fui metiendo despacio, porque sinceramente el agua me parecía que estaba bastante fría. Hasta que por fin me llegó a la cintura y yo lo vi, cómo se acercaba lentamente, como si fuese un tiburón.
Empecé a dar pataletas, patadas en el agua, porque ya me veía lo que iba a pasar. Entonces me cogió de la cintura y me tiró al agua. Me empapó el pelo, me corrió el maquillaje ¡casi le mato!
Cuando salí del agua a respirar, me abalancé sobre él para ver si lo podía ahogar, pero de ira. Cuando él salió del agua, empezó a reírse, y entonces el enfado se me pasó. Es un chico muy lindo, y se que lo hace para divertirme. Así que luego no me enfadé tanto.
Empezamos a nadar juntos lo corto de la piscina. Él hacía algunas piruetas y yo le enseñé que podía hacer el pino dentro del agua. Seguimos hablando, conociéndonos, y cada vez me parecía una persona más interesante y por cómo me miraba mientras le contaba mi vida, tengo la sensación de que también le parecía interesante a él. Hasta que llegó el momento cúlmine de la situación.
Empezamos a hablar de nuestros romances, que los míos, la verdad, han sido bastantes escasos: estuvo ese chico en primaria que me caía genial, pero yo no diría que me gustase, porque éramos niños; luego, en la secundaria, antes de darme cuenta de que me gustaba él, me gustó otro chico en un campamento de verano, pero vamos, que nos vimos dos veces en verano y ya está y por último, él. Mi chico, mi guapo, mi compañero, pero eso no se lo podía decir, obviamente, así que simplemente le dije que ahora no estaba buscando nada.
Él me contó que había tenido una novia a los 13 años, pero que había acabado muy mal, por lo que pensaba que las relaciones no eran lo suyo, pero mientras me iba contando la historia, cada vez me daba más cuenta de que simplemente estaba aprendiendo. La chica esa no le podía pedir peras al olmo tampoco, y un niño de 13 años pues no es muy madura, que pensemos, pero ahora es mayor, dice que está más seguro de lo que quiere, pero que no quiere hacerle daño a más gente, así que le dije que yo creía en él, que sé que puede encontrar una chica buena que le entienda y que se lo pase bien con él y no hace falta que el amor sea una tortura.
En ese momento, se me paró el corazón. Estábamos demasiado cerca, hablando de cosas demasiado íntimas que no entiendo por qué estaban saliendo a la luz.
Entonces me agarró la mano debajo del agua, y me dijo:
—Bueno, yo me siento bien contigo, la verdad. Eres una chica muy simpática, y aunque no te lo haya dicho antes, ya me he fijado en ti otras veces.
¿Qué? ¿Qué me acaba de decir este muchacho? O sea, el chico más guapo de toda mi clase me está diciendo que se había fijado en mí. ¿En mí? Yo, la chica que se sienta apartada con sus cuatro amigas en una esquina y que no habla con nadie más. Esto me parece demasiado fuerte. O sea, no me lo estaba ni creyendo yo misma como para que piense que es verdad.
En ese momento, pensé que esto se trataba de una broma, aunque reflexionándolo bien, no creo que por una broma se hubiese quedado una hora entera dentro del agua para charlar conmigo, así que intenté bromear un poco y echarle leña al fuego y le dije:
—Sí, bueno, tú también me pareces guay, pero somos compañeros.
En ese momento él me soltó la mano y se puso del otro lado. Ahora creo que no lo estaba diciendo tan de broma, por lo que quise intentar algo.
Me acerqué lentamente, me puse justo enfrente de él y le miré a los ojos, pero me dio palo súper rápido, así que me quité.
—Jaja, perdón, pensaba que era una broma.

Yo quiero que le nazca a él y la verdad es que eso de ligar se me da demasiado mal. Se acercó poco a poco hasta el bordillo donde yo estaba. Como ahora yo estaba un poco más alta porque estaba sentada, me miró hacia arriba.
—Te prometo que esto no es una broma. Soy un capullo, lo sé, porque no estoy preparado para que los demás sepan algo de este estilo y hablar de amoríos con mis amigos es una cosa impensable, pero de verdad que me gustas.
Creo que estoy en el cielo o a lo mejor en un estado catatónico, porque no siento nada aparte de mi corazón latiendo dentro de mi pecho.
Es imposible que este chico me haya dicho eso, o sea, estoy en shock, literalmente, y creo que, al verme en mi situación, después de haberme dicho que le gustaba, se separó un poco de mí, pensando que estaba invadiendo mi espacio personal, pero le paré, le agarré de un hombro que se resbaló y le cogí del brazo.

En cuanto le dije eso, salió una sonrisa en su cara. Se acercó un poco a mí y estoy segura de que se puso de puntillas para poder darme mi primer beso.
Sentí mariposas!! Una cosa increíble. No lo había sentido nunca más. Sé que estábamos solos, esto era privado, y aun así, me sentía en la gloria. No sé si esto tendrá más futuro, la verdad. Espero que sí. Pero este chico me gusta mucho, y estoy muy contenta de que esto haya pasado.
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